lunes, 27 de febrero de 2017

Juan y las mascheras nobiles.

Esta es la historia de Juan, un niño de diez años que vivía en Venecia. Juan se sentaba en la puerta de su casa y se imaginaba historias de la gente que iba disfrazada en los desfiles, pero lo que más le gustaba era poner cara a las personas que llevaban las mascheras nobiles.
Un día Juan llegó del colegio, entró en casa, soltó la mochila y salió a la calle. El desfile ya empezaba. Su madre le miraba y lloraba. Todos los amigos del colegio de Juan disfrutaban de esa gran fiesta y ellos no podían permitirse los gastos que conllevaban esa época del año que para todos los venecianos era tan especial.
Comenzó el desfile. Juan empieza a aplaudir y a imaginarse bonitas historias sobre cada grupo de ese precioso desfile. Se reía y parecía feliz pero Juan no lo era, en el fondo le gustaría estar participando junto con toda su familia. Cuando terminó el desfile se metió en casa apenado porque ya se había terminado.
Otro nuevo día Juan llegó del colegio, entró en casa, soltó la mochila y salió a la calle. Nuevas historias le esperaban. De repente un hombre y su hijo con máscaras del personaje de Pantalone se acercan a Juan. El chico se asusta porque recuerda que lo que ha aprendido en el colegio sobre el personaje de Pantalone no es bueno.
Hola chico le dice el padre. Juan con una voz floja también le respondió con un hola.
- Cada año mi hijo y yo te vemos en el mismo lugar, sentado aplaudiendo y siempre sonriendo pero ayer te vimos que te metiste en tu casa triste. ¿Te gustaría participar en el desfile de mañana junto a tu familia?
- ¡Siiii! respondió Juan emocionado pero un poco asustado, esa máscara no le gustaba nada.
El padre y el hijo siguieron con el desfile.
Al día siguiente cuando Juan llegó de colegio tenia una enorme caja en la puerta de su casa. La abrió emocionado: ¡Eran mascheras nobiles!
Entró con la caja a casa y toda la familia se disfrazó y salió al desfile.
Cuando iban en el desfile un hombre se quitó la mascara de Pantalone que llevaba y le guiño un ojo a Juan.
Era un hombre con ojos azules y una enorme sonrisa. Juan esta vez no tenía que imaginar nada, lo estaba viviendo y junto con su familia. Estaba feliz.

Fátima Mateos

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